• Yamile Garzón - Presidenta Fedeusctrab Nacional

Violencia en casa a los y las trabajadoras durante el COVID, como enfermedad laboral.

Actualizado: may 23


Hay una necesidad urgente en Colombia de adoptar las normas de la Organización Internacional del Trabajo para favorecer a los trabajadores y trabajadoras víctimas de la violencia, e incluir la violencia en el hogar en tiempos de pandemia como enfermedad laboral.



Fotografía: laprensa.com


Cuando se habla de primera línea de batalla, no sólo están los médicos, sino todos los sectores relacionados con el cuidado y el trabajo indispensable, entre ellos comercio, distribución de alimentos, limpieza y servicios generales en hospitales, quienes efectivamente lideran la lucha contra la enfermedad por COVID 19. Este grupo de trabajadores son a menudo liderados por mujeres (en América Latina constituyen el 59% en el trabajo informal) y quienes “a menudo carecen de la protección que ofrecen las leyes laborales y de prestaciones sociales como las pensiones, los seguros de salud o los subsidios por enfermedad remunerados. Trabajan a diario por salarios más bajos y en condiciones inseguras” [1]


Este amplio grupo de mujeres vinculadas a la economía formal e informal somos la cara pública de estas líneas de batalla, por ello es importante pensar qué está sucediendo en el ámbito de lo privado cuando el hogar se transforma en el espacio de trabajo. Y la respuesta es que infortunadamente se ha producido un incremento en situaciones de abuso y violencia en el hogar, demostrando la necesidad de atenciones locales, nacionales y mundiales, en especial atendiendo lo señalado por la Organización de Naciones Unidas –ONU- y la Organización Internacional del Trabajo –OIT-.


Ahora bien, como perspectiva de análisis debemos señalar que para Zizek (2009) la violencia es la consecuencia explicita de un modelo de sociedad [capitalista] cuyas bases se cimientan en la explotación- no cooperación- y en la acumulación – no distribución equitativa-. En estas situaciones de encierro derivadas de la rápida expansión del virus COVID- 19, millones de personas se encuentran en la casa desarrollando teletrabajo o porque perdieron su empleo[2], han debido enfrentarse a un tipo de violencia [violencia subjetiva en términos de Zizek] que como brote se manifiesta posterior a estados de encierro prolongado, pero principalmente, como consecuencia de la incertidumbre económica y financiera de los hogares, la carencia de un sistema de salud público de calidad, y las prolongadas políticas de pauperización en especial en América Latina [violencia sistémica u objetiva según Zizek].


En países europeos y asiáticos como China, quien lideró la lucha contra el virus, se triplicaron los casos en el mes de febrero cuando se declaró la cuarentena, países como Francia tuvieron un incremento del 32% de violencia doméstica, y un 25% en Reino Unido. Las cifras en Colombia no son alentadoras “Durante el aislamiento obligatorio, la Fiscalía ha recibido 578 llamadas, de las cuales 132 han sido denuncias de violencia intrafamiliar y 55 de violencia sexual y las llamadas de auxilio se han incrementado un 79% ”[3]. Estas cifras corresponden a los registros oficiales, pues el subregistro es una característica propia de nuestro sistema, dado el nivel de intimidación y miedo que sufren las víctimas.


Para eliminar las situaciones que viven actualmente las mujeres en sus hogares y bajo la responsabilidad social sindical debemos dar un paso adelante para ayudar a dilucidar el camino adecuado a transitar, y como instrumento clave es pertinente citar el convenio 190 de la OIT y la recomendación 206 de la misma, que cobran más fuerza que nunca.


El recién conquistado convenio 190 del 2019, tardó cien años desde la constitución de la OIT en 1919, y está enfocado en la eliminación del acoso y la violencia en el trabajo, igualmente define que el acoso y la violencia ocurren por el hecho, por ocasión o como resultado del trabajo, detallando en su artículo 3 los lugares y circunstancias donde se dan estos comportamientos y prácticas, esto es: “a) en el lugar de trabajo, inclusive en los espacios públicos y privados cuando son un lugar de trabajo; b) en los lugares donde se paga al trabajador, donde éste toma su descanso o donde come, o en los que utiliza instalaciones sanitarias o de aseo y en los vestuarios; c) en los desplazamientos, viajes, eventos o actividades sociales o de formación relacionados con el trabajo; d) en el marco de las comunicaciones que estén relacionadas con el trabajo, incluidas las realizadas por medio de tecnologías de la información y de la comunicación; e) en el alojamiento proporcionado por el empleador, y f) en los trayectos entre el domicilio y el lugar de trabajo.” [4]


Este nuevo convenio devela lo ya sabido, y es que los ambientes de los trabajadores y trabajadoras no están exentos de violencia, y reconoce explícitamente que el espacio privado [hogar] es también un lugar de trabajo como está sucediendo actualmente; por ello es pertinente enunciar cuales son las responsabilidades-retos de los Estados en la adopción y aplicación del convenio, en este caso del Estado colombiano.


En primer lugar, la ratificación mediante una ley que acoja el convenio y desarrolle mucho más allá que lo ya enunciado por la OIT- que es bastante amplio-, (lo que implica derogar el actual decreto 1010 de 2006 que es insuficiente); por supuesto esta ley debe incluir la voz de los trabajadores puesto que la ausencia de los trabajadores y sus organizaciones en la construcción de normas que los afectan, o la participación parcial con las centrales favoritas del gobierno, no es otra cosa que una política de Estado de discriminación.


En segundo lugar, luego de una participación amplia, la tarea es reconocer, construir y aprobar conjuntamente con los trabajadores, una legislación específica que adecue, proteja y garantice a los trabajadores y trabajadoras, el disfrute del derecho de un mundo libre de acoso y violencia en el trabajo. Esto quiere decir una ley lo suficientemente robusta, no inclinada a favor de las empresas (como se ha evidenciado) y cuyo nuevo marco normativo incluya, por ejemplo, el acoso sexual laboral o la perspectiva de enfoque diferencial.

En tercer lugar, se encuentra la inclusión transversal de la recomendación 206 de la OIT - integrante del convenio 190-, se trata de la primera norma internacional del trabajo jurídicamente vinculante reconoce la violencia de género. Como se señala en el convenio “Todo Miembro [de la OIT] deberá adoptar, de conformidad con la legislación y la situación nacional y en consulta con las organizaciones representativas de empleadores y de trabajadores, un enfoque inclusivo, integrado y que tenga en cuenta las consideraciones de género para prevenir y eliminar la violencia y el acoso en el mundo del trabajo” esta recomendación-normativa recalca sobre la importancia de transformar la legislación relativa al mundo del trabajo; las actuales circunstancias de inoperancia de la seguridad y salud en el trabajo, que como se ha evidenciado desconoce y niega hoy a los médicos que contraen COVID 19 la negación de ésta enfermedad como laboral (cosa por demás inaudita); y finalmente la igualdad y la no discriminación, que busca asegurar una participación real de las mujeres vía normatividad internacional [que de otra manera no se lograría dada la dinámica del sistema].


Finalmente y como se ha insistido es fundamental que se adopten medidas apropiadas para los sectores, ocupaciones y las modalidades de trabajo más expuestos a la violencia y el acoso, que como señala la recomendación son: el trabajo nocturno, el trabajo que se realiza de forma aislada, el trabajo en el sector de la salud, la hostelería, los servicios sociales, los servicios de emergencia, el trabajo doméstico, el transporte, la educación y el ocio” de igual forma “Los Miembros deberían adoptar medidas legislativas o de otra índole para proteger a los trabajadores migrantes, y particularmente a las trabajadoras migrantes, contra la violencia y el acoso en el mundo del trabajo, con independencia de su estatus migratorio, en los países de origen, tránsito o destino, según proceda”[5]


Estas medidas expresan la necesidad urgente de adoptar medidas reales y favorecer a los trabajadores y trabajadoras víctimas de la violencia, e incluir la violencia en el hogar en tiempos de pandemia como enfermedad laboral. Es tarea del ministerio del trabajo dejar de legislar a favor de las ARL y de ciertas empresas, y empezar a centrarse en los trabajadores, reconociendo la violencia suscitada en los hogares por estar en confinamiento y trabajando desde casa, como violencia en el trabajo.


Redacción:

Yamile Garzón

Presidenta Fedeusctrab Nacional

@YamiGarzonRi




REFERENCIAS

Convenio sobre la violencia y el acoso, 2019 (núm. 190)

Zizek S. (2009). Sobre la violencia, Seis reflexiones marginales. Buenos Aires: Paidós.

[1] https://www.unwomen.org/es/news/in-focus/csw61/women-in-informal-economy [2] https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_738766/lang--es/index.htm [3] https://elpais.com/sociedad/2020-04-07/la-violencia-de-genero-es-una-pandemia-silenciosa.html [4] Convenio 190 OIT. Art 3° [5]https://www.ilo.org/dyn/normlex/es/f?p=NORMLEXPUB:12100:0::NO::P12100_ILO_CODE:R206

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