• Ivan Martínez - Directivo Central CTU-USCTRAB

La Educación que la pandemia obligó a transformar(se)

Actualizado: may 23

“Es importante reconocer que los maestros gracias a experiencias anteriores enfrentaron este cambio de manera rápida y mediaron colaborativamente con sus colegas que desconocían total o parcialmente transitar sus contenidos de lo físico a lo virtual; una medida que con todas las críticas y debilidades es una respuesta que lleva en ese momento a los estudiantes y sus familias a no centrar su atención exclusiva en el fenómeno pandémico del COVID19. ”


Fotografía: Vanguardia.com


En la capital del país estamos enfrentando la pandemia desde la estrategia “aprende en casa “ de la Secretaría de Educación de Bogotá, a nivel nacional, se están implementando estrategias como “Aprende Digital” y la activación de los medios de comunicación públicos (radio y TV) como herramienta educativa; todos estamos aprendiendo (docentes y estudiantes), estamos dando nuestro mejor esfuerzo, pero evidentemente no es suficiente y no estamos seguros de que lo vaya a ser a futuro para terminar el año satisfactoriamente dentro de lo “normal”.


De ahí que en este momento se haga evidente la brecha tecnológica y social entre la Educación Pública y Privada, que ampliamente se ha mostrado en artículos relacionados de medios como El Espectador, Semana, El Tiempo entre otros; lo que no implica un éxito total, en efecto a los padres de familia les preocupa la calidad, un número importante de acudientes desconfía del real aprendizaje de sus hijos, aquí se hace evidente la preocupación por los contenidos teóricos que no se están desarrollando en casa.


Esta preocupación parte porque para los padres de familia las estrategias que se están utilizando se han convertido en muchos casos en resolver un cúmulo de guías y actividades que quedan descontextualizadas cuando la orientación del docente es reducida, es aquí donde caben las preguntas:


¿Los docentes decidimos continuar con el desarrollo habitual de las mallas enviando las guías que estaban predeterminadas para que los estudiantes resolvieran luego de que se abordara el tema desde los discursos didácticos y pedagógicos planeados en el contexto presencial?


¿Falta más autonomía y compromiso por parte de las familias y los propios estudiantes, en asumir las actividades planteadas y profundizar en la investigación de los temas asignados?


¿Cómo superar las discusiones entre lo relativo y lo absoluto de una manera relacional donde las actividades no saturen la vida familiar y promuevan curiosidad para descubrir el conocimiento desde la experimentación y desarrollando competencias dentro del contexto, aprendiendo lo que deben aprender para sus vidas?


En este espacio no se pretende contestar las preguntas anteriores, pero sí evidenciar una necesidad urgente de la aplicación real de los PEI (Proyectos Educativos Institucionales) de las instituciones Educativas, enfocados en modelos constructivistas, de aprendizaje significativo, sociocríticos, entre otros, que a partir de esos modelos podamos transitar entre el conjunto de habilidades que esperamos de cada estudiante según su edad y grado, transitar a la educación virtual, no con el ánimo de destruir la educación presencial (que tanto se extraña actualmente), sino por el contrario fortalecerla y complementarla con elementos trasversales entre los diversos campos de conocimiento y las TIC.


Lo cierto es que la pandemia está desvelando distintas crisis, económicas, políticas, sociales y la educación no es ajena a mostrar la cara que se venía ocultando con las distintas políticas públicas, que no ha permitido que la escuela eficientemente supere el modelo lancasteriano y republicano que desde la lucha dada por Simón Rodríguez quién afirmaba que: “lo que se conquistó por las armas se perderá sin una práctica educacional que consolide una nueva vida social” (Kohan, 2016).


Efectivamente no se logró consolidar una nueva vida social, ya que la educación siguió respondiendo a los modelos que intentaban imitar a los europeos y luego a los norteamericanos, pero las instituciones seguían respondiendo a las lógicas excluyentes y la relación docente donde aparecen tres formas de ser maestros: a.) los que presumen saber, b.) los que confunden con su saber y c.) los que ayudan a que todos sepan. Sin ánimo de juzgar los modelos de maestros y profesores que se han ubicado en la comodidad de las dos primeras formas; si se hace necesario hacer el llamado en esta coyuntura a inventar una escuela que responda a la nueva vida social, con una práctica educacional que responda a los nuevos retos donde aún no se supera la discriminación, una educación que aún es ajena a los contextos. En consecuencia, la pertinencia y calidad educativa no se asegura y el deber de los maestros es asumir el protagonismo en este momento, cambiando el paradigma y liderar la transformación de la política social en educación y ser inspiradores del deseo de saber.


Asumir la Realidad


Es importante reconocer que a las profesoras y profesores, que gracias a experiencias anteriores enfrentaron este cambio de manera rápida y mediaron colaborativamente con sus colegas que desconocían total o parcialmente transitar sus contenidos de lo físico a lo virtual; una medida que con todas las críticas y debilidades existentes es una respuesta que lleva tranquilidad en ese momento a las familias e involucra a las niñas, niños y jóvenes a no centrar su atención exclusiva en el fenómeno pandémico del COVID19.


Sin embargo, no podemos mentirle a nuestros estudiantes, a la sociedad y a nosotros mismos, si aseguramos que cumpliremos con todos los objetivos planteados en el proceso de enseñanza – aprendizaje durante el 2020; el problema de la mentira es terminar creyéndola como comunidad educativa y sacrificando una generación como lo ocurrido con el decreto 230 de 2002 y la promoción mínima del 95% de los estudiantes en la institución educativa.


Tampoco se puede tratar de reducir los grandes esfuerzos que actualmente se hacen, porque sin desconocer las distintas razones, más allá de los resultados, muchos estudiantes intentan hacer todo lo que más se puede con las limitaciones que todas y todos hemos experimentado, superando las crisis por la señal de la internet que no sirvió, porque el computador no prendió o porque el celular no tiene espacio suficiente; las depresiones colaterales al coronavirus, porque la comida no alcanzó, porque los servicios públicos los cortaron o porque del arriendo los sacaron. No podemos ser ajenos a esas realidades, pero no se trata tampoco de esconder la realidad educativa actual.


Una realidad inmediata es la debilidad del MEN (Ministerio de Educación Nacional) en coordinar equipos pedagógicos trasdisciplinares construyendo materiales educativos virtuales de calidad, se ha demorado en utilizar de forma pertinente las herramientas de la web 2.0 de las cuales dispone y peor aún, no se evidencia cómo llevará estos Ambientes Virtuales de Aprendizaje a las regiones y contextos más apartados con dificultades de conectividad, tampoco se está capacitando a los docentes en competencias en informática educativa durante su receso obligatorio decretado por el gobierno nacional que los lleven a fortalecer herramientas para manejar plataformas web y producir material de estudio congruente con estos contextos virtuales y que deberían ser ejes fundamentales para enfrentar esta situación; demostrando atraso en el cumplimiento de las metas propuestas desde los Planes Nacionales de Educación en la últimas décadas, los cuales reconocen la importancia y necesidad de fortalecer las Competencias TIC para el desarrollo profesional docente; entonces, ¿las soluciones quedarán a disposición de las destrezas de los equipos docentes en las instituciones o a la tiranía de los comités de gestión?


En primer lugar para prepararnos a futuro, debemos superar el trasladar el aula a la sala de la casa, que ha tenido sentido en la situación inicial, pero debemos adaptar y romper con la programación en la relación de sustituir la presencialidad, reconocer que van a existir procesos imposibles de desarrollar desde la distancia y de ahí que se deba adaptar la forma en la que vamos a evaluar; por consiguiente, buscar maneras y formas de complementar los vacíos que nos está dejando esta migración intempestiva a las TIC.


En ese sentido y con todas las diferencias que existen con las pruebas saber, de alguna manera estas nos pueden mostrar un censo o una estadística aproximada en cuanto a unos mínimos en el desarrollo de competencias, para tomar determinaciones obviamente junto a otros instrumentos de evaluación que crean pertinentes las Instituciones Educativas para tomar decisiones frente a la promoción del año en curso. Pero esta es una decisión de cada institución, los equipos de evaluación, los consejos académicos y no el comité de gestión unilateralmente.


Otra solución es la modificación de los calendarios escolares, para los entes territoriales que están en vacaciones desde mediados de marzo, pero esto significaría partir el calendario A en A1 y A2 y, para efectos administrativos de pruebas saber y de admisión a la educación superior implicarían unos ajustes donde no a todos va a favorecer, es decir, esta medida que carece de pertinencia para la educación.


Obviamente ese panorama es mucho más complejo, sin embargo, se trata de buscar soluciones donde la calidad, la pertinencia no se vean sacrificadas y tampoco las condiciones socioculturales les pasen factura a las familias a quienes el acceso a la virtualidad les es inequitativo. Sin duda alguna las poblaciones más afectadas serán siempre las más vulnerables; contextos rurales, semirrurales y periféricos.


Es una ocasión donde los docentes de todo el país podemos buscar soluciones, que implican pensar en inventar una nueva escuela, en maximizar las posibilidades de aprendizaje, una escuela que no le responda a las condiciones de mercantilización de la educación, sino que se centre así sea por un periodo pequeño de tiempo, en hacer de los estudiantes unos sujetos curiosos por el aprender; que esta pandemia permita reflexionar acerca de los problemas estructurales que tenemos como sociedad y trabajemos para transformar esas condiciones y nos permitan transitar a unas ciudadanías organizadas desde el diálogo social y unos liderazgos generadores de confianza y transformación de realidades.


Por:

Iván Martínez Triana

Directivo CTU - USCTRAB.

@IAAlmArt


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